El economista siempre antepondrá los intereses del patrono a los intereses del trabajador, bajo el precepto insoslayable que si al patrono le va bien, a la sociedad también y por tanto al individuo, más allá que esto sea cierto (aunque no necesariamente único), lo inquietante es
que este es un postulado absolutamente incontrovertible para él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario